Conciencia Pachamama - Madre Tierra

Nuestros abuelos sabían que la mejor forma de que no faltara nada en la casa no era solamente pidiendo, sino sabiendo ser agradecidos; hemos recibido tanto de la Pacha (vida), de la Pachamama (Madre Tierra), de Pachakama (Padre Cosmos), que pocas veces lo valoramos.

Para comprender la vida necesitamos observar los ciclos naturales y unirnos a ellos, si aprendemos del Yapuchiri (el buen agricultor), veremos que respeta los ciclos de la naturaleza, que sabe que hay un tiempo para sembrar, para cosechar, y para hacer descansar la tierra; también sabe que para sembrar es necesario preparar la tierra, removerla y abonarla para que la semilla caiga en tierra fértil. Nosotros también somos los más grandes agricultores de nuestras vidas, así que preparar la tierra, removerla, abonarla, implica en nuestras vidas remover también nuestras estructuras, no estancarnos en el tiempo con ideas prefijadas, preconceptos o prejuicios.

Despertar en la “conciencia Pachamama”, implica reconocer primero que es un ser vivo y no materia inerte; segundo, que somos su hijos y somos parte de la Pachamama; tercero, que todo lo que existe es parte del equilibrio y la armonía de la vida; cuarto, que todo lo que existe está profundamente interrelacionado.

Aunque con distintas denominaciones según cada lengua, contexto y forma de relación, los pueblos indígena-originarios tenemos la conciencia de un principio básico: “somos hijos de la Madre Tierra y del Padre Cosmos” y guardamos un profundo respeto por ellos. Desde el pueblo aymara-quechua la llamamos Pachamama (Madre Tierra), el pueblo mapuche dice Ñuke Mapu (Madre Tierra), para los Ngobe Bugle de Panamá es Meyedobo (Madre Tierra), para los Urus que siempre han vivido sobre las aguas dirán Qutamama (Madre agua), que es la que les generó vida y los hermanos de la Amazonía dirán Madre Selva en sus respectivas lenguas. Pero ningún pueblo que guarda la sabiduría ancestral dice simplemente tierra, o planeta, o medio ambiente, hay una relación de familiaridad, de cariño, de saber que vive; más aún que es nuestra madre.

Para los pueblos y naciones ancestrales el término Pachamama, surge de una concepción cosmogónica, dicha concepción emerge fruto de la relación con la Madre Tierra, es por eso que concebimos el hecho de que somos hijos de la Madre Tierra y mantenemos una relación de respeto.

Desde esta cosmovisión originaria, todos somos hijos de la Madre Tierra y el Padre Cosmos, en aymara se afirma: “Pachamaman Pachakaman wawapatanwa”, que significa “somos hijos de la Madre Tierra y del Padre Cosmos”, por lo tanto la relación del ser humano con el entorno es de hijo(a) a padre-madre. Y cuando decimos “todos” nos referimos a toda forma de existencia, por lo que no solamente entre seres humanos resultamos ser hermanos sino con cada planta, animal, insecto, piedra, pues para nosotros “todo vive”.

Pachamama (Madre Tierra) es la fuerza telúrica y Pachakama (Padre Cosmos), la fuerza cósmica; toda forma de vida viene a ser la expresión de la complementación de ambas energías, el punto convergente de estas dos fuerzas. Pachamama es la conjunción de dos palabras; mama que significa madre y pacha que se traduce literalmente como tiempo y espacio, pero bajo nuestra lógica tiene un significado más amplio. La palabra Pacha  es la unión de las dos fuerzas. PA  que viene de PAYA, que significa Dos y CHA que viene de CHAMA, que significa Fuerza (dos fuerzas). Dos fuerzas cósmico-telúricas que interactúan y se complementan en armonía y equilibrio, para poder expresar aquello que llamamos multiverso (universo), como una totalidad de lo visible (Pachamama) y lo invisible (Pachakama).

Pachamama representa el mundo material visible y tangible, por lo tanto cuando hablamos de respeto a la Madre Tierra, no estamos solamente hablando de respeto a la naturaleza o a la tierra propiamente, hablamos de respeto a toda forma de existencia, lo que implica cuidar y respetar los ríos, las montañas, los árboles, los animales y a los seres humanos que también son Pachamama.

En lengua okanagan  se refieren a la Madre Tierra y a los cuerpos con la misma raíz silábica. Esto significa que la carne y la sangre que es nuestro cuerpo son pedazos de la Madre Tierra que viven en nosotros. La tierra, el agua, el aire y todas las demás formas de vida aportaron partes para formar y ser nuestra carne. Somos Madre Tierra. Como se dice en aymara: pachamamatanwa (somos Pachamama).

Los okanagan enseñan que cada persona nace en una familia y en una comunidad, a la cual pertenece. No tener comunidad o familia es estar dispersado o deshecho; el vínculo de comunidad y familia incluye la historia de los muchos que nos antecedieron y los muchos que vendrán después de nosotros y comparten nuestra sangre. La enseñanza más importante es que lo primero en nuestras decisiones es la Madre Tierra; nuestra comunidad de vida, después la familia y luego nosotros mismos como individuos.

Como afirma el Gran jefe Seattle: “….Deben enseñar a sus hijos, lo que nosotros hemos enseñado a los nuestros, que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurre a la tierra le ocurrirá a los hijos de la tierra, si los hombres escupen en el suelo, se escupen a sí mismos. Y de una cosa estamos muy seguros, la tierra no pertenece al hombre, es el hombre el que pertenece a la tierra….”

En Ojibway  “nishnabe akin” significa “la tierra a la que pertenece la gente” y no “la parcela que pertenece a la gente”; esto implica un paradigma de los derechos de propiedad completamente distinto al que aparece en las discusiones que se sostienen ante los tribunales convencionales ante los despojos de las tierras indígenas. La gente pertenece a la tierra y no la tierra a las personas.

Los pueblos originarios traemos las voces de los ancestros, planteando una forma de vida en equilibrio y armonía; una relación de equilibrio con toda forma de existencia y en armonía con los ciclos de la Madre Tierra. Bajo nuestra forma de ver la vida no se puede concebir que el ser humano alcance una armonía o un equilibrio de manera aislada.

Cuando hablamos de equilibrio, nos referimos a vivir en equilibrio con toda forma de existencia; es decir en una relación de respeto y de complementariedad, pues para nosotros “todo vive”, a diferencia de occidente que cataloga a los seres como orgánicos e inorgánicos, lo que equivale a etiquetarlos como “con vida y sin vida”. Nosotros comprendemos que cada ser cumple un rol en esta vida y no es ni más ni menos importante, simplemente necesario para equilibrar la vida en su conjunto.

Y para que el ser humano alcance armonía, tiene que estar en armonía con los ciclos de la Madre Tierra, del Padre Cosmos, de la vida y de la historia.

En este tiempo de reordenamiento de la vida (Pachakuti), nuestro interior necesita ser removido y abonado; y tenemos que seleccionar las semillas, proyectos, sueños, trabajos, nuevos emprendimientos para la siembra en nuestras vidas.

Estamos en el inicio del Jach’a Uru, el nuevo tiempo, en el que debemos comprender las enseñanzas de nuestros ancestros; por lo tanto, más que ocuparnos en dejarles tierras a nuestros hijos, hay que ocuparse en dejar buenos hijos a la Madre Tierra.

 

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21 DICIEMBRE

Participación presencial
Organizaciones de pueblos originarios de los Mayas, Aztecas, Tibet, Aymaras, Quechuas, Lakotas, Dakotas, entre otros... participarán del encuentro junto a las organizaciones de la sociedad civil, de gobiernos, ONGs...

Lugar
Lago Titikaka, Bolivia

Inscripciones
Inscripción virtual abierta desde el 21 de septiembre en el sitio www.21diciembre.bo/ index.php/inscripciones

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Los indicadores de salud, la salud comunitaria, la salud planetaria, la medicina integral.